Bienvenidos a mi taller: vender en internet sin vender el alma
Abro el blog de Barronico como abro la persiana del local: contándote sin rodeos cómo veo esto de crecer en internet, el growth marketing y las tiendas online para comercios pequeños.
Pasa, pasa. Esto es Barronico, y esto es mi cuaderno de taller.
Me llamo Juan Carlos Barrón y llevo 28 años metido en tiendas. Zara, Chanel, Lladró, Galeries Lafayette. Londres, París, Madrid, y ahora Zamora. He montado escaparates a las tantas de la madrugada, me he peleado por un maniquí mal puesto y he visto muy de cerca qué hace que una persona se pare delante de un cristal y acabe entrando. Y todo empezó con una tontería: me dio por fotografiar escaparates y colgarlos en Facebook, gratis, sin pedir nada a nadie, solo porque me parecía que aquel trabajo merecía que alguien se parase a mirarlo.
Barronico es mi laboratorio. Aquí conviven dos cosas que a mucha gente le parece que no pegan ni con cola: MATERIA, lo que se toca (piezas de autor, cerámica, costura, escaparates, eventos), y CÓDIGO, lo que se programa (webs, tiendas online, SEO, estrategia digital). Para mí es exactamente lo mismo, ya verás por qué. Y muy pronto lo vais a ver con vuestros propios ojos, a pie de calle, en Balborraz 14, la calle de los artesanos de Zamora.
Y que no te engañe la dirección: estamos en Zamora, pero trabajamos para el mundo. En Barronico hablamos español, inglés y francés, y llevo toda la vida currando fuera, en Londres, en París, en Madrid, con marcas que juegan en la liga internacional. Así que da igual que tu tienda esté en Zamora, en Lyon o en Manchester: nos vamos a entender igual de bien.
Aquí voy a escribir como hablo. Sin fórmulas, sin filtros y sin venderte ninguna moto. Y para estrenarlo, vamos al grano: cómo se hace crecer de verdad una tienda pequeña en internet.
Deja de contar likes, que no pagan el alquiler
Te lo digo con cariño, pero te lo digo: los seguidores, las visualizaciones y los "me gusta" están muy bien para el ego, pero no pagan la luz. Llevo años viendo marcas que presumen de números preciosos en redes y tienen la caja temblando.
Lo que hace que una tienda funcione es mucho más de toda la vida: que la gente vuelva. Que te recomiende. Que sienta tu tienda un poco suya. Los finos lo llaman marketing relacional. Yo lo llamo hacer lo que hacía el tendero de tu barrio: acordarse de tu nombre, apartarte lo que sabía que te iba a gustar, contarte de dónde venía el género. Internet no se ha cargado eso. Al revés: lo multiplica, si sabes usarlo.
+Cuidar al cliente que ya tienes te sale muchísimo más barato que salir a cazar uno nuevo.
+Un cliente contento vale más que cualquier campaña: habla de ti gratis y con más credibilidad que tú.
+La relación es lo único que no te puede copiar ningún gigante. Ni Amazon, ni Shein, ni Temu, ni nadie.
+Y encima te chiva lo que quiere. Gratis. Solo hay que escuchar.
Growth marketing, o cómo crecer sin rezarle a la suerte
Ahora queda muy bien soltar "growth marketing" en las reuniones, y la mitad de las veces nadie sabe muy bien de qué está hablando. Te lo cuento a pelo: es crecer con método. Mirar todo el camino que hace una persona desde que no sabe ni que existes hasta que habla maravillas de ti, e ir mejorando cada tramo poquito a poco, probando y midiendo.
El marketing de siempre va a golpe de campaña: la preparas, la lanzas, cruzas los dedos y a otra cosa, mariposa. El growth es un bucle: tengo una idea ("si enseño el taller en la ficha del producto, vendo más"), la pruebo, miro qué pasa, aprendo y vuelta a empezar. No hace falta tener pasta. Hace falta constancia y ser honesto con los números, aunque no te digan lo que quieres oír.
El camino entero, de desconocido a fan
Yo lo veo igual que una tienda de la calle, porque lo es:
+Te descubren: pasan por delante del escaparate, te encuentran en Google o alguien les habla de ti.
+Entran: la primera impresión. Si en tres segundos no pillan qué vendes y por qué mola, se piran. En la calle y en la web, igual.
+Vuelven: porque les has dado un motivo. Una newsletter que no sea un tostón, novedades de verdad, un trato que recuerdan.
+Compran más: el ticket medio, lo que se llevan además de lo que venían a buscar. El impulso de caja de toda la vida.
+Te recomiendan: reseñas, fotos, amigos que llegan diciendo "me ha mandado fulanita".
¿Te has fijado? Tres de los cinco pasos son relación pura y dura. Por eso el growth y el marketing de toda la vida no se pelean: el growth solo mide y empuja lo que la relación construye.
Pruebas pequeñas, cambios gordos
No necesitas montar un laboratorio de la NASA. Cambia una cosa cada vez y mira qué pasa: la foto principal de un producto, a partir de cuánto el envío sale gratis, el asunto de un email, lo que pone en el botón de comprar. Si funciona, se queda. Si no, a la basura y a por la siguiente. Hazlo durante un año y verás cómo cambia el chiringuito.
Los números que miro yo
+Conversión: de cada cien personas que entran, cuántas compran.
+Ticket medio: cuánto se deja cada una.
+Lo que te cuesta un cliente nuevo: sumando anuncios, horas y herramientas. Sí, tus horas también cuentan.
+Repetición: cuántos vuelven.
+Lo que te deja un cliente mientras sigue contigo.
Y una regla que me grabaría en la frente: si conseguir un cliente te cuesta más de lo que te deja, crecer solo te lleva más rápido a la ruina. Así de claro te lo digo.
Dos de mis trabajos de CÓDIGO: las webs de espacio36 y BARRONVISUAL.
Tiendas online para comercios pequeños, sin chapuzas
Lo he visto mil veces: una tienda abre su web porque "hay que estar en internet", la deja ahí muerta de risa, y a los seis meses no ha vendido ni un calcetín. Y la culpa, a la plataforma, a Google o a la crisis. Pues no. Lo que faltaba era estrategia. Antes de elegir dónde montas la tienda, contéstate esto:
1. ¿Qué vendes online? (No todo, tranquilo)
No hace falta subir el almacén entero. Empieza por lo que viaja bien, lo que tiene margen para pagarse el envío, lo que se entiende sin tocarlo y, sobre todo, lo que te hace distinto: piezas únicas, series cortas, lo que no está en todas partes. Prefiero mil veces una tienda pequeña con alma que un bazar infinito donde no se encuentra nada.
2. ¿Web propia o marketplace?
Los marketplaces te dan escaparate, vale, pero te cobran comisión, te imponen sus normas y el cliente es de ellos, no tuyo. La web propia es tu casa: tus datos, tu relación, tus reglas. Eso sí, a tu casa la gente la tienes que traer tú. Si tu marca tiene personalidad, la web propia no es opcional.
3. La ficha de producto es tu dependienta
En la tienda, cuando alguien duda, ahí está la dependienta para echarle un cable. En internet no hay nadie: solo la ficha. Así que la ficha tiene que currar como ella: fotos buenas de verdad, desde varios ángulos y en contexto, medidas, materiales, cómo se cuida, la historia de la pieza, y el envío y las devoluciones clarísimos. Una ficha que no resuelve dudas pierde la venta, igual que una dependienta que no sabe ni lo que vende.
4. Envíos, pagos y confianza
Que el cliente sepa cuánto le cuesta y cuándo le llega antes de pagar, no en el último paso con sorpresita. Devoluciones fáciles. Que pueda pagar como paga siempre. Y tu dirección y tu teléfono bien a la vista. Aquí el pequeño gana por goleada: que se note que detrás hay una tienda de verdad, con una persona de carne y hueso que te contesta, da una confianza que ningún gigante puede fingir.
5. Junta la tienda de la calle y la de internet
Tu cliente no piensa en "canales", piensa en tu tienda. Así que haz que se echen una mano: comprar online y recoger en tienda, ver en la web y venir a probar, una web que cuente lo que pasa en el local, un escaparate que invite a seguirte y tu ficha de Google al día. A esto lo llamamos phygital, y es justo lo que una tienda pequeña puede hacer mejor que cualquier cadena.
6. Trae gente, convéncela y que vuelva
Con la casa en orden, toca moverla: SEO para que te encuentren (en Google y en las inteligencias artificiales, que ya contestan por nosotros), contenidos que cuenten por qué lo tuyo es distinto, redes con producto y caras reales, una newsletter (el único canal que es tuyo y no depende del humor de ningún algoritmo) y, cuando todo eso funcione, anuncios para acelerar. Nunca al revés.
Mi plan de 90 días
+Del día 1 al 30, los cimientos: eliges con qué productos empiezas, haces fichas que den gusto, dejas envíos y pagos atados, pones la analítica y actualizas tu ficha de Google.
+Del 31 al 60, que venga gente: SEO en fichas y categorías, contenidos, redes con constancia (constancia, no postureo) y empiezas a captar suscriptores, en la web y en el mostrador.
+Del 61 al 90, afinar: miras los datos, haces tu primera prueba, montas el email de carrito abandonado y el de "vuelve cuando quieras", y decides con números, no con corazonadas, si merece la pena meterle pasta a los anuncios.
Las herramientas no son magia
Contenidos, SEO, redes, anuncios, análisis de datos, diseño web. Te van a intentar vender cada una como si fuera la varita mágica. Ninguna lo es. Una web preciosa que no encuentra nadie es un escaparate precioso en una calle vacía. Unos anuncios que llevan a una web que no convence son pasta tirada a la basura. La gracia está en que todo sea un mismo recorrido, y en medirlo para ir mejorándolo. Eso es lo que hago yo. Eso es CÓDIGO.
¿Y ahora qué?
En este blog te voy a contar todo esto con casos reales y sin rodeos: escaparates y webs, piezas únicas y estrategias para crecer, lo que pasa en Balborraz y lo que pasa en la pantalla. Para mí es el mismo oficio, y lo va a seguir siendo.
Si tienes una tienda o una marca y quieres crecer en internet sin perder lo que te hace único, escríbeme a info@barronico.es. Me contestas a mí, no a un bot.
Bienvenidos. Aquí dentro pasan cosas.
Con mi perra, a orillas del Duero, en Zamora.
Quién escribe
Juan Carlos Barrón
Diseñador web, organizador de eventos, visual merchandiser, escaparatista y consultor de retail con 28 años en tiendas de Zara, Chanel, Lladró o Galeries Lafayette. Ahora, desde la bella calle Balborraz, en el número 14, en Zamora, para el mundo: en español, inglés y francés.